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domingo, marzo 30, 2008

Lo mas importante que he hecho en mi vida...

En cierta ocasión, durante una charla que di ante un grupo de profesionales, me hicieron esta pregunta:

- “¿Qué es lo más importante que ha hecho en su vida?”.

En mi calidad de ingeniero en Sistemas, sabia que los asistentes deseaban escuchar anécdotas sobre mí trabajo, entonces les respondí:

- Lo más importante que he hecho en la vida, tuvo lugar el 9 de Mayo de 2000…

Comencé el día jugando tenis con un amigo al que no había visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada me contó que su esposa y él acababan de tener un bebé. Mientras jugábamos, llegó el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que al bebé se lo habían llevado de urgencia al hospital. En un instante, mí amigo se subió al auto de su padre y se marcho. Yo, por un momento, me quedé donde estaba, sin saber que debía hacer.

¿Seguir a mí amigo al hospital? Mí presencia allí, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura estará al cuidado de médicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas.

¿Brindarle mi apoyo moral? Eso, quizás, pero tanto él como su esposa provenían de familias numerosas, y sin duda estarían rodeados de parientes, que les ofrecerían el apoyo necesario. Lo único que haría yo sería estorbar.

Así que decidí ir mas tarde al hospital a visitar a mi amigo.

Al poner en marcha mi auto, me percaté que mi amigo había dejado su camioneta con las llaves puestas, estacionada junto a las canchas. Decidí pues, cerrar el auto e ir al hospital a entregarle las llaves. Como supuse, la sala de espera estaba llena de familiares. No tardo en presentarse un médico, que se acercó a la pareja y, en voz baja les comunicó que su bebe había fallecido.

Los padres se abrazaron y lloraron, mientras todos los demás los rodeamos en medio del silencio y el dolor. Al verme mi amigo, se refugió en mis brazos y me dijo:

- "Gracias por estar aquí."

Durante el resto de la mañana permanecí sentado en la sala de urgencias del hospital viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de él.

Esto, es lo más importante que he hecho en mí vida, y aquella experiencia me dejo tres enseñanzas:

Primera: lo más importante que he hecho en la vida, ocurrió cuando no había absolutamente nada que yo pudiera hacer.
Nada de lo racional que aprendí en la universidad, ni en el ejercicio de mi profesión, me sirvió en tales circunstancias. A dos personas les sobrevino una desgracia y lo único que pude hacer fue acompañarlos y esperar; pero estar allí, era lo principal…

Segunda: aprendí que al aprender a pensar, casi me olvido de sentir.

Tercera: aprendí que la vida puede cambiar en un instante. Así pues, hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo real, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave o un accidente y muchas otras cosas más, pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos.

Desde aquel día, busqué un equilibrio entre el trabajo y la vida; aprendí que ningún empleo compensa perderse unas vacaciones, romper con la pareja o pasar un día festivo lejos de la familia. Y aprendí que lo más importante en la vida, no es ganar dinero, ni ascender en la escala social, ni recibir honores…

Lo más importante en la vida, es el tiempo que dedicamos a cultivar una amistad.


POR ESO A DIOS LE AGRADEZCO:

* Por mis hijos que NO limpian sus cuartos, pero están viendo la tele, porque significa que están en casa y no en las calles.

* Por los rebajos en mi sueldo, porque significa que estoy trabajando.

* Por el desorden que tengo que limpiar después de una fiesta, porque significa que estuvimos rodeados de seres queridos.

* Por las ropas que me quedan un poco ajustadas, porque significa que tengo más que suficiente para comer.

* Por mi sombra que me ve trabajar, porque significa que puedo salir al sol.

* Por el césped que tengo que cortar, ventanas que necesito limpiar, cañerías que arreglar, porque significa que tengo una casa.

* Por las quejas que escucho acerca del gobierno, porque significa que tenemos libertad de expresión.

* Porque no encuentro estacionamiento, esto significa que tengo auto.

* Por los gritos de los chicos, porque significa que puedo oír.

* Por la ropa que tengo que lavar y planchar, porque significa que me puedo vestir.

* Por el cansancio al final del día, porque significa que fui capaz de trabajar duro.

* Por el despertador que suena temprano todas las mañanas, porque significa que ¡¡Estoy vivo!!.

* y finalmente, por la cantidad de mensajes que recibo, porque significa que tengo amigas y amigos que piensan en mí…

Autor Anonimo
Gracias mi querido Marco


La Gratitud es enorme. La Gratitud es la enorme llave que abre las puertas del paraiso de la felicidad. Porque quien es grato y reconoce lo que tiene, sin renunciar a aspirar a mas sino convencido de que lo que tiene es la base de su felicidad y lo que aspira es su motor en la tierra, y que santifica con su gratitud cada segundo de su vida, es realmente un Maestro.

Cuesta agradecer la aparente desgracia. Pero en la aparente desgracia se halla la gracia de ejercer la tolerancia, el perdon y la fe. En la carencia esta el conocimiento implicito de lo que se posee. Y en el desamparo esta la virtud de reconocer que existen hombros que buscar, corazones que golpear o puertas que abrir.

Gracias por leerme. Gracias si dejas un comentario. Gracias si no lo haces. Gracias si compartis con otros este relato. Gracias si te sirvio para algo. Gracias porque estas ahi aunque no te conozca. Gracias por todo...

(...perdon si molesto...)

miércoles, enero 30, 2008

La Mujer, el Angel, la Muerte... y la otra Mujer

En pleno día -por tiempo y por edad- la mujer vestía de noche. La oscuridad de su pena hacía juego con la suelta cabellera, los ojos insondables y la túnica. Cansada de llamar a la Muerte, que bajó la caperuza, tapó sus oídos y vagó por el mundo sólo por no oírla, acudió al Ángel.

- Señor: he perdido a mi hijo. ¡Era tan pequeño que cabía exactamente en la cuna de mis brazos! En vano llamé a la Muerte para que me lo devolviera...


- ¿No sabes, Mujer, que la muerte no devuelve nada...?


- Le rogué que me llevara junto a él. No fui escuchada. No tengo paz ni consuelo. Toda yo soy una estéril lluvia de lágrimas.


- Resignación, Mujer.


- Lo soñé con amor. Lo engendré con amor. Lo esperé con amor. Lo di a luz con amor... Y me fue arrebatado. No tiene sentido.


- Busca las palabras de la resignación y de la fe -dijo el Ángel y desapareció.


La Mujer cerró sus desolados ojos. Cuando los volvió a abrir estaba en una iglesia que destilaba esplendor. En los murales, pintores de clara estirpe idealizaron hasta el arrebato místico, los rostros de vírgenes y santos.


Se arrodilló ante el sacerdote.


- Padre: he perdido a mi hijo. No tengo paz ni consuelo. En vano he llamado a la Muerte. Vivo en martirio.


- Bienaventurados los que sufren porque de ellos será el reino de los cielos... Dios da y Dios quita. Tu criatura, mujer, es un ángel grato a los ojos del Señor. Resignación, hija mía, resignación.


Cubierta con su cabellera como un manto, fue a una sinagoga. Refulgían la estrella de David y los candelabros de siete brazos. Se arrodilló ante el rabino.


- Señor: he perdido a mi hijo. Lo engendré con alegría. No tengo calma, ni consuelo, ni sentido mi vida. Soy un dolor.


- Un Rabí perdió a su hija recién nacida y, en su acompañamiento, iba alegre... Cuando le preguntaron el motivo, repuso: Me alegra devolver a Jehová un alma tan pura como cuando él me la dio... Dios da y Dios quita. Resignación, hija mía, resignación.


Envuelta en la oscuridad de su cabellera y de su pena, la mujer entró en la mezquita. La filigrana de la piedra reproducía, hasta el infinito, el nombre de Alá. Se hizo un ovillo a los pies del Imán.

- Señor: he perdido a mi hijo. Era tan pequeño que mis brazos le bastaban. Lo amaba y lo perdí. No tengo consuelo.


- La verdadera tumba de los mortales no está en la tierra sino en el corazón de los hombres... Tu hijo está vivo en tu corazón. Vida y muerte no nos pertenecen, Dios da y Dios quita. Resignación, hija mía, resignación.


Arrebujada en el manto vivo de su cabellera, la madre entró en una capilla evangelista. Las paredes eran grises y desnudas. Sólo un crucifijo fino, de madera negra. En lo alto, los fragmentados colores de un vitreaux. Dobló su torturada humanidad ante el Pastor.


- Señor: he perdido a mi hijo. Era tan pequeño y tan grande mi dolor. Vivo penando y sin consuelo.


- En el día del juicio final veremos los rostros de él y de los seres que amamos. Dios da y Dios quita. Resignación, hija mía, resignación.


En lágrimas, ya sin fuerzas, la madre era una figura oscura, espasmódicamente sacudida por sollozos y el viento.

Ajena a la vida que pasaba a su alrededor, sólo recordaba el hijo que tuvo en sus brazos y se perdió como en un sueño...


El Portero Celestial, con infinita pena le alzó el rostro.


- Mujer, levántate. Voy a llevarte ante quien comprenderá tu dolor.


Por un instante, la madre abandonó su oscuridad de cuerpo y espíritu.


- ¡Señora...! - suplicó ante la augusta figura.


- Tú que perdiste a tu Hijo, dime, ¿cuál es la fórmula del consuelo...?



Entonces, a dos mil años del hecho, los ojos de la virgen María se llenaron de lágrimas...



Autora: Evangelina

www.sanmiguel.org.ar


No hay amor mas que el Amor de Madre.

No hay dolor mas que el Dolor de Madre.

Por eso hay imagenes de Virgenes que lloran, madres que entierran hijos e injusticia en el mundo. Mientras Marias derramen aguaceros de sal y espanto por sus hijos desaparecidos en los campos de la guerra, de horror o de las calles, aun asi y ahi, existira dolor en el mundo, como antitesis del amor mas puro...

El Amor que no se puede lesionar porque condena eternamente... el Amor de Madre...

(...perdon si molesto...)

domingo, enero 20, 2008

El tesoro escondido

La estatua del Buda de barro alcanzaba casi tres metros de altura. Durante generaciones había sido considerada sagrada por los habitantes del lugar.

Un día, debido al crecimiento de la ciudad, decidieron trasladarla a un sitio más apropiado.

Esta delicada tarea le fue encomendada a un reconocido monje, quien, después de planificar detenidamente, comenzó su misión.

Fue tan mala su fortuna que, al mover la estatua, ésta se deslizó y cayó, agrietándose en varias partes.

Compungidos, el monje y su equipo decidieron pasar la noche meditando sobre las alternativas.

Fueron unas horas largas, oscuras y lluviosas.

El monje, en vez de desesperarse, se enfocó en encontrar una salida.

De repente, al observar la escultura resquebrajada, cayó en cuenta que la luz de su vela se reflejaba a través de las grietas de la estatua.

Pensó que eran las gotas de lluvia.

Se acercó a la grieta y observó que detrás del barro había algo, pero no estaba seguro qué.

Lo consultó con sus colegas y decidió tomar un riesgo que parecía una locura:

Pidió un martillo y comenzó a romper el barro, descubriendo que debajo se escondía un Buda de oro sólido de casi tres metros de altura.

Durante siglos este hermoso tesoro había sido cubierto por el ordinario barro.

Los historiadores hallaron pruebas que demostraban que, en una época, el pueblo iba a ser atacado por bandidos.

Los pobladores, para proteger su tesoro, lo cubrieron con barro para que pareciera común y ordinario.

El pueblo fue atacado y saqueado, pero el Buda fue ignorado por los bandidos.

Después, los sobrevivientes pensaron que era mejor seguir ocultándolo detrás del barro.

Con el tiempo, la gente comenzó a pensar que el Buda de Oro era una leyenda o un invento de los viejos.

Hasta que, finalmente, todos olvidaron el verdadero tesoro porque pensaron que algo tan hermoso no podía ser cierto

Anonimo Budista.

Tus tesoros son tu capacidad de dar, disfrutar, agradecer, reír; de perdonar, de soñar en grande, de pasar por encima de las pequeñeces y de valorar en ti mismo y en otros lo que verdaderamente es importante.

Todo te pertenece, es tuyo por naturaleza. Solo tenes que tomarlos. Aunque esten cubiertos por el barro de tus miserias, de tu cotidianeidad. Solo tenes que animarte, avanzar, romper la dura y gruesa costra que junto al mundo, la rutina y el desamor construiste alrededor de tus tesoros y tomar posesion de ellos. Son tuyos. Si no lo haces, dificilmente alguien mas lo haga por ti. Y si no puedes solo, alguien o Alguien que te ama, de seguro te echara una mano. Muchas veces se descubre lo mejor de uno mismo al reflejarse uno mismo en el espejo de la vida de los otros. O, dicho de otra manera y por el Maestro de maestros, "por sus frutos los reconocereis".

Arriésgate a ver tu vida a través del barro y te darás cuenta de que eres un tesoro rodeado de riquezas.

(...perdon si molesto...)