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sábado, febrero 16, 2008

El tesoro escondido

Érase una vez un anciano que había perdido a su esposa y vivía solo. Había trabajado duramente como sastre toda su vida, pero los infortunios lo habían dejado en bancarrota, y ahora era tan viejo que ya no podía trabajar.

Las manos le temblaban tanto que no podía enhebrar una aguja, y la visión se le había enturbiado demasiado para hacer una costura recta. Tenía tres hijos varones, pero los tres habían crecido y se habían casado, y estaban tan ocupados con su propia vida que sólo tenían tiempo para cenar con su padre una vez por semana.

El anciano estaba cada vez más débil, y los hijos lo visitaban cada vez menos.
— No quieren estar conmigo ahora -se decía- porque tienen miedo de que yo me convierta en una carga.
Se pasó una noche en vela pensando qué sería de él y al fin trazó un plan.

A la mañana siguiente fue a ver a su amigo el carpintero y le pidió que le fabricara un cofre grande. Luego fue a ver a su amigo el cerrajero y le pidió que le diera un cerrojo viejo. Por último fue a ver a su amigo el vidriero y le pidió todos los fragmentos de vidrio roto que tuviera.

El anciano se llevó el cofre a casa, lo llenó hasta el tope de vidrios rotos, le echó llave y lo puso bajo la mesa de la cocina. Cuando sus hijos fueron a cenar, lo tocaron con los pies.
— ¿Qué hay en ese cofre? preguntaron, mirando bajo la mesa.
— Oh, nada -respondió el anciano-, sólo algunas cosillas que he ahorrado.

Sus hijos lo empujaron y vieron que era muy pesado. Lo patearon y oyeron un tintineo.
— Debe estar lleno con el oro que ahorró a lo largo de los años -susurraron.

Deliberaron y comprendieron que debían custodiar el tesoro. Decidieron turnarse para vivir con el viejo, y así podrían cuidar también de él. La primera semana el hijo menor se mudó a la casa del padre, y lo cuidó y le cocinó. A la semana siguiente lo reemplazó el segundo hijo, y la semana siguiente acudió el mayor. Así siguieron por un tiempo.

Al fin el anciano padre enfermó y falleció. Los hijos le hicieron un bonito funeral, pues sabían que una fortuna los aguardaba bajo la mesa de la cocina, y podían costearse un gasto grande con el viejo. Cuando terminó la ceremonia, buscaron en toda la casa hasta encontrar la llave, y abrieron el cofre. Por cierto, lo encontraron lleno de vidrios rotos.
— ¿Qué triquiñuela infame! -exclamó el hijo mayor-. ¡Qué crueldad hacia sus hijos!
— Pero, ¿qué podía hacer? -preguntó tristemente el segundo hijo-. Seamos francos. De no haber sido por el cofre, lo habríamos descuidado hasta el final de sus días.

— Estoy avergonzado de mí mismo -sollozó el hijo menor-. Obligamos a nuestro padre a rebajarse al engaño, porque no observamos el mandamiento que él nos enseñó cuando éramos pequeños. Pero el hijo mayor volcó el cofre para asegurarse de que no hubiera ningún objeto valioso oculto entre los vidrios. Desparramó los vidrios en el suelo hasta vaciar el cofre.

Los tres hermanos miraron silenciosamente dentro, donde leyeron una inscripción que el padre les había dejado en el fondo: “Honrarás a tu padre y a tu madre”.

El cofre de vidrio roto / William J. Bennet


Benditos los hijos que aun conservan padres para honrar... y que deseen ser honrados...

Benditos los padres con hijos que los honren... aunque ellos no se den cuenta de ello...

Benditos los hijos que pueden dar honras a sus padres... no solo en la necesidad sino tambien en la alegria...

Benditos los padres que comparten su tiempo en dejarse honrar... y el merecimiento que siempre hagan para ello...

Benditos, padres e hijos, hijos y padres, porque nunca mas ninguno de los dos estaran nunca mas solos...


(...perdon si molesto...)

De vez en cuando la Vida...

Un día la vida tomo la figura de un joven apuesto y se puso a caminar por el mundo. A la orilla del bosque vio una cabaña, entro y encontró allí a un hombre pobre, enfermo de elefantiasis: todos sus miembros estaban hinchados y tan deformes que se movía con mucha dificultad.

¡Oh! ¿ Que venturosos vientos te trajeron a mi ?. ¿Quien eres tú?
Dijo el enfermo.

Soy la vida, respondió el caminante. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo. Yo voy y vengo,; volveré por estos lugares dentro de siete años.

¿Pero porque gimes tanto?

Tengo una enfermedad horrible; a destruido mi aspecto humano y me ha quitado la alegría de vivir. Ya no puedo mas.

Si quieres dijo la vida te curo. Pero tu me olvidaras.

¡No! Le aseguro el enfermo. Guardare eternamente en mi memoria a quien me cure y le estaré agradecido para siempre.

La vida esparció un polvo misterioso sobre el enfermo, y este quedo curado como por encanto. La vida siguió su camino y enseguida llego a la cabaña de un leproso.

Bendito tu que vienes a mi exclamo el leproso al ver al hermoso joven.

¿Puedo saber tu nombre?

Yo soy la vida, dijo el recién llegado. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando regreso. Voy y vengo. Volveré por estos rumbos dentro de siete años. Puedo curarte ¿ pero te acordares de mi?.

No te olvidare mientras vivía dijo el leproso.

La vida lo curo y siguió su camino.

Al llegar a una aldea se encontró con un ciego que buscaba el camino con un bastón cuando oyó pasos, se detuvo y pregunto:

¿ Quien va? ¡ cuidado con este pobre ciego ¡

Yo soy la vida. Algunos me reconocen cuando llego, pero no cuando vuelvo. Cuando llego, curo también al ciego y desapareció.

Pasaron los años, y a su tiempo, como lo había prometido, volvió, pero esta vez oculto bajo la figura de un ciego. Era tan tarde cuando llego ala cabaña del ciego que había curado. Toco la puerta. No estaba, pero le abrió su esposa.

Tenga piedad de este pobre ciego dijo la vida. Conozco a su esposo ¿ me puede dar un refresco mientras lo espero? Me basta con un poco de agua.

Mi esposo es un verdadero tonto refunfuño la mujer. Trae a casa a cuanto pobre se encuentra. Puso un poco de agua sucia en una vieja jícara y se la ofreció de mal modo al falso fuego. Por fin llego el señor de la casa, y la vida se dirigió a el.

Estoy de paso dijo, ¿puedes darme alojamiento hasta mañana?

El hombre murmuro algo, después extendió una estera en la esquina de la cabaña y dio al ciego un puñado de cacahuetes.

Cuando despunto al alba, la vida llamo a su anfitrión y le dijo: ¿ no te dije que algunos conocen a la vida cuando viene pero no cuando regresa ? Tu no me has reconocido, porque la ceguera porque la ceguera se ha quedado en tu corazón y volverá también a tus ojos.Dijo esto y salió dejando tras de si una polvareda. El hombre volvió a ser ciego, como siete años antes.

Cuando la vida llego a la cabaña del antiguo leproso se cubrió de una lepra tan horrible que la seguían enjambres de moscas. Toco la puerta, pero aquel hombre, viendo al leproso no lo dejo entrar y rehusó darle de comer porque estaba demasiado sucio.

Te lo había dicho, le recordó el caminante, algunos conocen la vida

Cuando viene pero no cuando regresa dijo, y se marcho, dejando tras de si un reguero del misterio polvo. El hombre ingrato se cubrió de nuevo de tanta lepra que la carne se le caía a pedazos.

Cuando llego a la cabaña del antiguo enfermo de elefantiasis, la vida se hincho los miembros de tal modo que a duras penas podía caminar. Se asomo a la puerta y dijo: Buen hombre, un poco de refresco por caridad. Adelante Entra dijo el hombre, apresurándose a ayudar al fingido enfermo. O que desgracia. Tan joven y tan enfermo. Yo también, hace tiempo, tuve esa fea enfermedad, pero paso por aquí un buen hombre y me curo. Quizá..

Y mientras hablaba puso a cocer un plato de arroz, dijo el enfermo nueces y una jícara llena de leche fresca; después preparo un asado de carnero y se ocupo de cuidar al enfermo. En la mañana, la vida se presento como el joven hermoso que era i dijo: tu has reconocido a la vida también a su regreso. No olvidas los beneficios recibidos y sabes socorrer a quien sufre lo mismo que tu has sufrido. Por eso permanecerás sano y gozaras de prosperidad. El hombre quiso hacer un regalo a la vida, unas vacas. Pero el joven se lo agradeció diciendo:

No tengo necesidad de riquezas. Quiero que recuerdes una cosa importante: La vida puede cambiar y traer hoy bienes y mañana males, pero con frecuencia depende de ustedes hacerla mejor o peor.


Autor Anonimo

La vida nos ha entregado a muchos una oportunidad, debemos aprender a aprovechara, pero debemos siempre saber cuando se presente a cobrar, ser lo suficientemente agradecidos y pagarle eso que tenemos, que la propia vida nos dio.

Tratemos de poner lo mejor de nosotros siempre con todos . principalmente con la familia para que el día que no estemos aquí, dejemos recuerdos lindos y que nos extrañen con cariño.

(...perdon si molesto...)